"Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin". Mateo 24:14
Cruzada Evangelistica - Pr. Suliasi Kurulo
Pr. Suliasi Kurulo - Pr. Rodrigo Espinoza
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Bautismo en Agua - Chosica
Iglesia Central "Puerta del Cielo"
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Misión

Adorar a Dios en espíritu y en verdad; cumplir con la gran comisión haciendo discípulos en todo lugar, fomentando la comunión entre todos los discípulos en todo lugar, y perfeccionar a los santos para la obra del ministerio.

Visión

Ser una iglesia de impacto a través de ministerios sólidos con un corazón misionero bajo el poder del Espíritu Santo.

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VI Convencion Misionera
Iglesia Central Puerta del Cielo
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Proclamando la Gloria de Dios a las Naciones. Isaias 66:18-19

Sexta Convencion Misionera - Iglesia Central evangelica "Puerta del Cielo".

El carácter y la predicación

Estudie la santidad universal de la vida: su utilidad entera depende de esto, porque sus sermones, al fin y al cabo, no duran sino una hora o dos; empero su vida predica toda la semana. Si satanás puede tan solo hacerle un ministro sórdido amador de alabanzas, de placeres, y buenas comidas, ha arruinado su ministerio. Dese usted mismo a la oración y consiga sus textos, sus pensamientos y sus palabras de Dios.

Robert Murray McCheyene

La oración está sumamente relacionada con el éxito de la predicación de la Palabra. Esto lo expone el apóstol Pablo: “Por lo demás, hermanos orad por nosotros, para que la Palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros” (2 Ts. 3:1).

La oración abre el camino para que la Palabra corra sin estorbos, y crea la atmósfera para que cumpla su propósito. Se podría decir, por tanto, que la oración pone ruedas bajo la Palabra de Dios, da alas de ángel al Evangelio para que se predique a todo individuo en cada nación y pueblo.

Es importante que reconozcamos que el hombre hace al predicador. Es decir, el mensajero, es, si es posible, más que el mensaje; el predicador, más que el sermón: hace al sermón. Así como la leche del seno materno que da vida no es sino la vida la madre, así todo lo que el predicador dice se está añadiendo e impregnando por lo que el predicador es. El hombre, el hombre entero, está finalmente detrás del sermón.

La predicación no es la obra de una hora, sino la manifestación de una vida. Se necesitan veinte años para hacer un sermón porque se necesita veinte años para hacer al hombre. Y el sermón crece, porque el hombre crece. Es poderoso, porque el hombre es poderoso; es santo porque el hombre es santo y está lleno de la unción divina, porque el hombre está lleno de la unción divina.

Pablo lo designó: “mi Evangelio”, no por una excentricidad personal o por una apropiación egoísta, sino porque fue puesta, en su corazón y en su alma una confianza personal que se reflejaba en sus cartas paulinas, inflamadas y potencializadas por la fogosa energía de su alma ardiente. No obstante, los sermones de Pablo, ¿Qué fueron? ¿Dónde están? ¡Esbozos, fragmentos dispersos, flotando en el mar de la inspiración! Sin embargo, el hombre, Pablo, más grande que sus sermones, vive para siempre, en forma completa, rasgos y estatura, con su moldeadora mano en la Iglesia. Y es que la predicación no es sino una voz; la voz en el silencio muere, el texto se olvida, el sermón fluye de memoria, más el predicador vive…

Asimismo, Pablo apela al carácter personal de los hombres que enraizaron el Evangelio en el mundo; explica el misterio de su éxito: la gloria y eficiencia del evangelio están apostadas sobre los hombres que lo proclaman. Así, cuando Dios declara que “los ojos de Jehová contemplan la Tierra, para corroborar a los que tienen corazón perfecto para con Él” (2 Cro. 16:9), declara la necesidad de hombres y su dependencia de ellos, como un canal a través del cual Él despliega su poder en el mundo.

En el primer siglo el carácter y la conducta de los seguidores del Maestro de Galilea cristianizaron al mundo, transfiguraron a las naciones y a los individuos; mientras que un sermón no puede dar más vida que la que tiene el hombre que lo produce. Por ello, los hombres muertos dan sermones muertos, y los sermones muertos matan. Todo depende del carácter espiritual del predicador.

Bajo la dispensación judía, el Sumo Sacerdote tenia escrito con letras enjoyadas en su frontal: “Santidad a Jehová”. Igualmente, todo predicador en el ministerio de Cristo debe de ser modelado y dirigido por esta misma divisa santa.

Jonathan Edwards dijo: “yo seguí con mis ardientes deseos de conseguir más santidad y conformidad a Cristo. El Cielo que deseaba era un Cielo de santidad”.

El Evangelio de Cristo se mueve, de la manera que los hombres encargados de él se mueven. Es decir, el predicador debe personificar el Evangelio. La negación de sí mismo debe constituir su ser, su corazón, su sangre y sus huesos. Porque es un hombre entre los hombres, vestido de humildad, viviendo en mansedumbre, “prudente como una serpiente, y sencillo como una paloma”, con las obligaciones de un siervo y el espíritu de un rey; un rey con porte noble, real e independiente, pero también con la ingenuidad y la dulzura de un niño. Sinceros, heroicos, compasivos, sin temor al martirio, deben ser hombres que se tomen el trabajo de apoderarse y modelar una generación para Dios.

Los predicadores no son, en definitiva, hacedores de sermones, sino hacedores de hombres, de santos… y solo estará bien ejercitado para este trabajo quien se haya hecho a sí mismo un hombre y un santo. No son los talentos, ni la erudición lo que Dios quiere de los predicadores, sino que sean hombres grandes de santidad, grandes en fe, en amor y en fidelidad; de ahí que la instrucción de los doce discípulos fuera la grande, difícil y paciente labor de Cristo.

El gran secreto para conseguir tan altos ideales es uno y nada más: la oración. Si, un hombre que predica debe de ser un hombre de oración, ya que esta es el arma más poderosa del predicador; una fuerza omnipotente en sí misma, que da vida a todo… Es más, la vida, el poder y la gloria de la Iglesia es la oración.

Esto es, un hombre de Dios no nace, sino que se hace en la cámara secreta de la comunión y de la devoción privada. Su vida y sus profundas convicciones nacen de su comunión secreta con Dios. Igualmente, en la opresión y agonía llorosa de su espíritu ante Dios, sus más importantes y más dulces mensajes fueron adquiridos y hechos en la cámara secreta.

Resumiendo, la oración hace al hombre, la oración hace al predicador, la oración hace al pastor.

Por cada hora que pase estudiando su mensaje, deberá estar dos horas de rodillas en oración. Por cada hora que dedique a un pasaje oscuro de la Escritura, habrá de estar dos a solas con su Señor. Y es que la oración y la predicación no pueden permanecer separadas…

Hablar a los hombres acerca de Dios es una gran cosa, pero hablar a Dios acerca de los hombres es aún más grande. Nunca hablara bien y con éxito verdadero a los hombres sobre Dios quien no haya aprendido bien a hablar a Dios acerca de los hombres.

Bounds E. M. El Predicador y la Oración.

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Las Asambleas de Dios del Peru. Iglesia Central Evangelica "Puerta del Cielo".

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